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La Visión Fabricio

¿Hay vida después de la muerte?

¿Se acabará todo después de nuestro aliento final?

¿Puede Dios hablarnos a través de los sueños o visiones?

La Visión Fabricio Ministry Testimonio del Cielo y el Infierno, él describe una de las historia más deslumbrante y fascinante que le puede ocurrirle a un ser humano, él pudo ver que hay más allá de lo que nuestros ojos físicos pueden ver, a él le fue permitido conocer sorprendentes lugares, espacios a los que muy pocas personas se les ha permitido experimentar, el lugar más deseado y el más temido, la luz y la oscuridad.

Déjate sorprender por este conmovedor y sobrenatural relato su apreciación no te dejara indiferente, y después de leerlo no serás el mismo…bienvenido.

“Muchos no creen en nada, pero temen a todo   Friedrich Hebbel”

 

” Al SEÑOR tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos,la tierra y todo lo que en ella hay.” (Deuteronomio 10:14)

Nunca imagine lo que estaría por ocurrir, aquella tarde en la habitación de mi hogar en la ciudad de Ambato Ecuador, me disponía a escuchar mis temas preferidos de música entre ellos un cassette de temática cristiana, al empezar a sonar una melodía se conmueve mi corazón, esta habla sobre el drama social que vive nuestro mundo, la injusticia, desigualdad, drogas, guerras, hambres, enfermedades y su fin la muerte, este dolor entristece mi corazón me doy cuenta que solo el verdadero amor de Dios en nuestras vidas es la única manera para cambiar nuestro mundo. (Marcos 13:7)

Suenan una a una las melodías que hablan de un verdadero Dios que conforta todo nuestro ser y está cerca de nosotros, este ambiente me hace sentir una frescura especial de sanidad interior paz y libertad, de pronto escucho tan claramente una voz que dice: Te Amo  me sorprendo y me pregunto es real o es producto de mi imaginación, no le presto la atención necesaria pero el eco de su voz sigue tan claramente en mi cabeza, segundos más tarde escucho por segunda vez: Te Amo se estremece mi interior, corro al salón de casa y pregunto si mi madre me dijo eso, la respuesta es clara: NO, me mira fijamente y entiende que algo está pasando en mí y añade, si vuelves a escuchar la voz di: “Heme aquí Señor habla que tu siervo escucha”, regreso al lugar donde la música sigue sonando y por tercera vez escucho la voz indescriptible pero muy dulce que inspira paz y tranquilidad, esta vez susurra mi nombre y dice:  “Fabricio tú no sabes el gran amor que siento por ti”.

Esta vez me armo de valor y respondo de la manera que emanaba de mi interior: “Heme aquí Señor, habla tu siervo escucha” en esos momentos mis rodillas se doblan, caigo rendido al suelo, me invade una paz celestial y un amor noble que nunca lo he sentido no es terrenal, no se iguala a la amistad no se acerca al romance, no se asemeja al lazo familiar. Este amor lo abarca todo, estoy llorando como un niño la emoción invade mi alma, no me siento digno que alguien como el Señor me hable; difícil describirlo con palabras, mis sentimientos en esos momentos fluyen de lo más profundo de mi interior.

En un momento comienzo a hablar en lenguas extrañas que no comprendo, pero no me causan ningún miedo, todo lo contrario, es como si fuese el hilo conductor que faltaba para la comunicación, todo mi ser se envuelve en su amor me llena de ternura, mis pensamientos, corazón, alma y espíritu se deleitaron en él, las lágrimas mojan mi rostro me siento seguro como un niño pequeño que corre junto a los brazos de su padre, la experiencia fue única el Padre me habla, su Hijo me sana y restaura y su Espíritu hace la conexión perfecta, prudentemente se acerca mi madre y juntos oramos al Señor, ella se siente feliz porque lo que sembró en mi está dando fruto; ella se pronuncia y dice: El Señor te ha bautizado con su Espíritu, ámalo y síguelo; esa noche dormí tan placenteramente que me sentí relajado, liviano viví en una armonía inigualable.

Al día siguiente continuo con esta paz, mientras escucho pocos minutos de música, ese entorno va paulatinamente en aumento más y más hasta que escucho una voz estruendosa y complaciente que dice:

Hijo Mío te mostrare la visión, este es el propósito al cual has sido llamado” Siento en esos momentos que algo pasa en mi interior, una súbita sensación de ligereza invade mi cuerpo, y antes de terminar de acostumbrarme, mis ojos empiezan a percibir la habitación de modo distinto. Ya no estoy como antes, sino muy cerca del techo. Al girar la vista había abajo, surge una visión estremecedora: me encuentro a una persona a la que uno conoce muy bien… demasiado bien. Mi sorpresa es verme a mí mismo arrodillado, mientras que el auténtico yo se encuentra flotando en la habitación. Después de esto sé que ya no hay límites a lo que puede pasar. (Salmos 147:5)

Comienzo a ascender de manera más rápida, en una dirección que desconozco, admiro las vistas lejanas del paisaje terrestre, luego supero las nubes, la estratosfera y sigo subiendo, mientras observo cautivado, la maravillosa postal del globo terráqueo. Supongo que de manera similar se sentirán los astronautas, que trascienden la atmósfera, pero a diferencia de ellos, no necesito traje ni oxígeno.

Continuo con este viaje interplanetario, dejando atrás la espléndida imagen de nuestro planeta, con su contorno azulado tan precioso y característico. Estoy estupefacto y conmovido al darme cuenta de que todo lo que estoy viendo es producto de la creación, dirigida y orquestada por una mente superior.  Ahora dejo atrás, galaxias y constelaciones, como parte de un viaje fascinante y abrumador. Y de un momento a otro en cuestión de segundos, llego al lugar más increíble que puedan ver mis ojos.  Es ese lugar, al que todas las religiones y creencias quieren llegar, ese lugar tan perfecto y precioso al que me siento indigno de entrar: El Cielo donde se rinde homenaje a la perfección.

“Al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y todo lo que en ella hay.” (Deuteronomio 10:14)

Lo primero que me asombra cuando llego a esta superficie es la impresionante luminosidad que hay en este lugar, todo transmite pureza, frescura y un aroma relajante que hace que todo se sienta más liviano y acogedor, en este lugar no existe el miedo, sólo se respira paz.

Puedo ver un hermoso jardín, imposible de ver en la tierra, está tan arreglado y perfecto que no podría compararlo a ningún otro.  Los colores están combinados de una manera única y original. Los árboles frondosos emanan vida, flores de toda clase, forma y color en una perfecta armonía, nada sobresale o resalta más que los demás. Puedo ver seres brillantes, tan livianos que están suspendidos a poca altura del suelo se pasean con total libertad, intento fijarme en sus rostros, pero no logro distinguirlos son resplandecientes, aunque sí puedo ver en detalle sus vestiduras largas que se asemejan al lino fino e hilo egipcio, llevan incrustadas oro y piedras preciosas tan delicadas que al moverse producen un brillo fascinante.

A lo lejos veo una luz, que parecía venir de un orbe brillante. En ese instante se me acerca un ser único. Su presencia es imponente y elegante a la vez.  Se ve tan poderoso y sublime que me siento indigno de estar aquí, pero al mismo tiempo muestra una humildad tan grata que me hace sentir seguro. A estas alturas yo estoy atónito sin poder pronunciar una sola palabra, pero este ser abre su boca con una brisa divina y dice: “Yo soy Jesús hijo mío” en ese momento me doy cuenta que es el hijo de Dios, me coge del brazo derecho y dice: “Ven y mira”.

En ese momento no sabía cómo reaccionar, no sabía la magnitud de lo que estaba viviendo, lo único que puedo hacer es obedecer, y dejarme guiar.  Este lugar es inmenso, para mí no tiene fin, puedo ver todo con detalles precisos y exactos. Primero me muestra un salón inmenso y en él un libro de dimensiones grandes, de color marrón, a su lado hay una pluma de oro fino reluciente, esta reposa sobre un altar de cristal brillante, y un mármol de una calidad nunca vista en la tierra.  Allí se encuentra un ángel muy alto y vigoroso su labor es apuntar nombres. El Señor me hace entender que son las personas salvas, lavadas por la sangre del Cordero, me acerco para mirar las páginas de este libro, pero no se me permite leer lo que allí está escrito, solo alcanzo a distinguir que la lista es interminable, y escrita de manera delicada y con mucho amor.

A lo lejos veo un mar cristalizado, de un tamaño similar a los de la tierra, pero muy trasparente, con un brillo muy característico. Lo admirable es que puedo andar y empiezo a correr un poco sin temor a hundirme. Más allá de esta maravilla puedo ver un arcoíris fantástico, y aunque quisiera llegar a el no puedo, me desplazo un poco y observo unas grandiosas mansiones, de dos pisos, una al lado de otra, todas del mismo color, tamaño y forma. Una sensacional obra de arquitectura.  En ese momento entiendo que, a diferencia de la tierra, aquí todos seremos iguales, allí no existe la desigualdad ni las diferencias. Además, en este sitio no hay muros ni verjas, todo está rodeado de jardines llenos de flores.

Esta visión me hace sentir indigno de estar allí, y lloro desconsoladamente, siento una gratitud inmensa con Jesús, por mostrarme la majestuosidad de este lugar. Después de haber presenciado el paraíso puedo decir: Si juntáramos todo, absolutamente todo lo bello, lo precioso, lo hermoso del mundo, no se compararía, ni se asemejaría a lo que se me ha permitido ver. Pero entiendo que hay más para ver. Jesús me lleva e la mano derecha, recorriendo nuevamente el precioso jardín hasta llegar a la entrada del cielo. “En el cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén ” (S. Agustín)

En ese momento se acerca un ángel junto a nosotros, Jesús me sostiene del brazo derecho mientras el ángel se encarga de sujetarme el brazo izquierdo y Jesús con su voz dulce pero llena de autoridad menciona estas palabras:

“Ahora nos vamos a ir hacia el otro camino”

Esa frase estremece todo mi cuerpo y enmudezco totalmente, muy dentro de mí sé a qué se refiere al lugar que todos temen, al sitio que describen como; “Castigo y Fuego Eterno”. No puedo resistirme ni negarme a ir, sólo puedo obedecer y dejarme llevar, a continuación, se abren unas gigantescas puertas por las que salimos rápidamente. Volvemos atravesar la vía láctea que está muy densa, oscura y con poca visibilidad.  Al sobrevolarla veo un agujero negro y a medida que avanzamos veo figuras geométricas, fórmulas matemáticas y signos que apenas distingo y conozco.

En cuanto entramos al agujero nos desplazamos por un colosal, oscuro y tétrico túnel. La niebla es muy densa y angustia mi ser, al no saber dónde voy, mis sentidos se agudizan porque comienzo a detectar un olor putrefacto y murmullos escalofriantes, todo es muy desagradable. Intuyo que no es humano lo que escucho, esto hace que me agarre aún más del ángel que está a mi izquierda, y a su vez aprieto más fuerte el brazo de Jesús a mi derecha, la visión cambia radicalmente, veo siluetas de entes que habitan este lugar, yo sé que son demonios, cuando ellos advierten que Jesús está sobrevolando este túnel conmigo, huyen de manera estrepitosa y se ocultan detrás de unas enormes rocas, demostrando el pánico que sienten al verlo.

Me llaman la atención sus ojos, son de color rojo, como si estuviesen llenos de fuego y sangre.  Los hay de todos los tamaños y formas, ellos son los encargados de dirigir a la gente que llega a este lugar, donde les encadenan y les ponen grilletes. Les azotan y les empujan para que lleguen con rapidez al final de este túnel. Cuando finaliza el recorrido entramos en un vacío inmenso, donde hay escabrosos barrancos y descomunales precipicios, veo cumbres gigantescas, el suelo es de fango pestilente e inmundicia. El ambiente es verdaderamente espeluznante y decrépito, sin nada de vida, todo lo contrario, a lo que vi en el cielo.

Jesús y el ángel descienden conmigo un poco más y allí comienzo a divisar una multitud de personas, están siendo atormentadas por estos demonios, su trabajo es martirizar día y noche, aquí no hay medición del tiempo, yo empiezo a llorar de desesperación, grito de pavor al ver todo esto, me gustaría no tener que ver más, pero entiendo que es necesario.

Jesús me dice: Ven y mira. En medio de los tormentos escucho el susurro de una mujer que llora amargamente, la veo tirada en unos pedruscos, no puede ponerse en pie. Ahora empieza su aflicción: dos demonios cogen parte de la cabellera de esta mujer y se lo arrancan, juegan con ella empujándola de un lado a otro mientras se burlan de su dolor, pero ellos solo inician su cometido, la trasladan hacia un poste echo con dos maderos, la colocan boca abajo, y la atan de pies y manos de una manera muy primitiva y atroz, ella intenta soltarse, pero lo único que puede hacer es gritar. Miro a estos dos demonios que se ponen delante y detrás de ella y empiezan a violarla, su grito es desgarrador y pide misericordia porque no aguanta más, pero los demonios no paran, en este lugar todo es tormento y sufrimiento.

Al finalizar la desatan, la mujer no se pude mantenerse en pie, llora y siento que su respiración se ralentiza. Siento su pánico, luego es lanzada hacia unos pedruscos, puedo oír el crujir de sus huesos, que se destrozan al impactar su cuerpo contra las rocas. Lo lógico hubiese sido que estuviera muerta y sería lo mejor que pudiera pasarle, pero sigue respirando, los demonios no se conforman y quieren más. Siguen rompiendo su cabellera y le arrancan parte de su lengua, es mutilada en frente de mis ojos, ella vuelve a gritar o intentar hacerlo, porque ya no tiene voz. Ella sabe que repetirán este acto infernal, intenta pronunciar clemencia y misericordia, pero ellos lo volverán hacer, el tormento no tiene fin y el dolor es permanente.

Pasamos esta escena horripilante y puedo visualizar un pantano cenagoso donde hay multitud de gente de toda raza, toda lengua.  Millares que gritan de dolor, están viviendo el mayor tormento que ellos no creían que existía. Algunos de ellos cuando ven a Jesús, gritan su nombre y le piden misericordia, y otros lo maldicen deliberadamente con palabras obscenas, reclamándole razones por las cuales están ahí.

Yo lloro desconsoladamente al ver este cuadro tan triste y digo: “Señor piden misericordia” Él me responde con un semblante triste, aunque no logro ver su rostro, puedo sentirlo y a continuación me dice: Fabricio “Ellos tuvieron la oportunidad de conocerme y aceptarme como su Señor y Salvador y no lo hicieron, prefirieron sus deleites y deseos, haciéndose dioses ellos mismos”. En este Lugar no hay misericordia.

Sigo con este pasaje del terror y a lo lejos veo una mesa llena de botellas, no distingo su contenido, resalta una etiqueta escrita en un idioma de signos que no conozco, allí observo a un hombre sentado en este sitio mirando hacia el suelo, el intenta ponerse de pie, pero le es imposible en ese preciso momento llegan dos demonios con una actitud desafiante, uno de ellos desde lo más alto le hace beber este líquido; El individuo intenta gritar mientras se ahoga.

Noto que le arde por dentro, quema su interior y cuando se terminan los recipientes rápidamente viene otro demonio con más botellas, esta persona emite gritos de dolor, pide por favor paren, ya no aguanta más, pero lo único que consigue es burlas y más burlas, todas las botellas deben terminarse, el calvario persiste.

Cuando me trasladan a otro lugar alzo mi vista, y mi mirada se detiene en ver una estructura circular en movimiento rotativo, de un material rocoso encima de un peñasco puntiagudo, allí veo gente que brinca y saltan en esta superficie, algunos logran escapar pero el esfuerzo es en vano, porque constantemente los demonios los arrojan desde lo alto de una montaña muy cercana, mientras descienden precipitadamente se fracturan huesos, veo piernas y brazos rotos, lágrimas sin parar, además estos demonios utilizan lanzas largas y puntiagudas, los pinchan y los atraviesan de manera brusca y sin contemplación para que la gente siga saltando, puedo mirar a mucha gente llegar a este lugar, su tormento no tiene fin.

A lo lejos visualizo una ventana redonda y pequeña muy aterradora, no sé lo que es y tampoco quiero averiguarlo, mi miedo es tal que Jesús me observa y me aleja de este lugar, me saca de esta mazmorra del tormento, mientras ascendemos hacia arriba nuevamente, veo multitud de gente pidiendo socorro, auxilio, misericordia, el sufrimiento es tal que prefieren la muerte, pero aquí está ausente, todo es eterno y en este lugar, los castigos y tormentos NO TIENEN FIN.

“El Infierno es esperar sin Esperanza (André Giro)”  

Volvemos hacia el túnel y salimos de él, está terminando nuestro recorrido, regresamos a la galaxia, vamos tan rápido que en un abrir y cerrar los ojos nos encontramos en las puerta del cielo, el ángel que está a mi izquierda y Jesús a mi derecha se retiran sin gestionar palabra alguna, empiezo a descender de una manera considerable a la tierra, en breves segundos llego a contemplar mi hogar, me asombro aún más y mi mirada se detiene al mirarme  rezando de rodillas, me vuelvo a unir a mi cuerpo humano, abro mis ojos y veo a mi Madre y mis hermanas, rápidamente les digo: necesito contarles lo que acaba de experimentar mis ojos, pude sentir y ver lo más extraordinario del cielo y a la vez los más espeluznante del infierno, ellas me sorprenden y dicen: Tranquilo Fabricio mientras estábamos junto a ti, ibas relatando detalladamente tú visión, no podemos imaginarnos como soportaste tal experiencia, nosotros no podríamos.

De esto solo puedo decir que el terror y miedo que pase es inefable, ver tantos tormentos, sufrimientos que pasan los seres humanos en este lugar, ver entes paranormales de diferentes tamaños y modelos, pero sin lugar a dudas valió la pena vivirlo, contemplar lo más maravilloso y majestuoso que puede ver el hombre. “El Cielo” y conocer a la persona más importante que ha estado en nuestro planeta, que enseño y revoluciono la historia dejando un estilo de vida basado en el Amor y Perdón. Jesús, sin lugar a dudas es un regalo inmerecido.

Gracias por tu valioso tiempo en compartir este relato conmigo. El propósito de la visión es hacerte saber que hay algo más allá de la vida. Algunos dicen: Quizás haya algo, ya veré cuando esté allá. ¿Por qué preocuparme hoy? Pero si dependiera nuestra eternidad de esta vida que estamos llevando; ¿La estamos Aprovechando? Sin duda todos nosotros sentimos repulsión al pensar en la muerte, ya que estamos hechos para la vida. Mi objetivo no es introducirte miedo ni hablarte de religión, mi anhelo es presentarte a Jesús, un ejemplo de vida basado en el amor y perdón, la vía exclusiva para disfrutar de un esplendor puro e incomparable, lleno de felicidad y paz por toda la eternidad.

Señor Jesús te acepto como mi Señor y Salvador, reconozco que eres el único camino hacia Dios,entra en lo más profundo de mi corazón, sana mis dolencias y cura mis heridas, escribe mi nombre en el Libro de la Vida Amén.  “Gracias Señor Jesús”

“Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estas a mi lado,  me guías por el buen camino y me llenas de confianza ” (Rey David)

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