Close

Máximo Grado de Belleza el Cielo

“Hijo Mío te mostrare la visión, este es el propósito al cual has sido llamado”

Comienzo a ascender de manera más rápida, en una dirección que desconozco, admiro las vistas lejanas del paisaje terrestre, luego supero las nubes, la estratosfera y sigo subiendo, mientras observo cautivado, la maravillosa postal del globo terráqueo. Supongo que de manera similar se sentirán los astronautas, que trascienden la atmósfera, pero a diferencia de ellos, no necesito traje ni oxígeno.

Estoy estupefacto y conmovido al darme cuenta de que todo lo que estoy viendo es producto de la creación, dirigida y orquestada por una mente superior. Ahora dejo atrás, galaxias y constelaciones, como parte de un viaje fascinante y abrumador. Y de un momento a otro en cuestión de segundos, llego al lugar más increíble que puedan ver mis ojos.

Es ese lugar, al que todas las religiones y creencias quieren llegar, ese lugar tan perfecto y precioso al que me siento indigno de entrar: El Cielo donde se rinde homenaje a la perfección.

“Al Señor tu Dios pertenecen los cielos y los cielos de los cielos,la tierra y todo lo que en ella hay.” (Deuteronomio 10:14)

Lo primero que me asombra cuando llego a esta superficie es la impresionante luminosidad que hay en este lugar, todo transmite pureza, frescura y un aroma relajante que hace que todo se sienta más liviano y acogedor, en este lugar no existe el miedo, sólo se respira paz. Puedo ver un hermoso jardín, imposible de ver en la tierra, está tan arreglado y perfecto que no podría compararlo a ningún otro. Los colores están combinados de una manera única y original.

Los árboles frondosos emanan vida, flores de toda clase, forma y color en una perfecta armonía, nada sobresale o resalta más que los demás. Puedo ver seres brillantes, tan livianos que están suspendidos a poca altura del suelo se pasean con total libertad, intento fijarme en sus rostros, pero no logro distinguirlos son resplandecientes, aunque sí puedo ver en detalle sus vestiduras largas que se asemejan al lino fino e hilo egipcio, llevan incrustadas oro y piedras preciosas tan delicadas que al moverse producen un brillo fascinante.

A lo lejos veo una luz, que parecía venir de un orbe brillante. En ese instante se me acerca un ser único. Su presencia es imponente y elegante a la vez. Se ve tan poderoso y sublime que me siento indigno de estar aquí, pero al mismo tiempo muestra una humildad tan grata que me hace sentir seguro. A estas alturas yo estoy atónito sin poder pronunciar una sola palabra, pero este ser abre su boca con una brisa divina y dice: “Yo soy Jesús hijo mío” en ese momento me doy cuenta que es el hijo de Dios, me coge del brazo derecho y dice: “Ven y mira”.

En ese momento no sabía cómo reaccionar, no sabía la magnitud de lo que estaba viviendo, lo único que puedo hacer es obedecer, y dejarme guiar. Este lugar es inmenso, para mí no tiene fin, puedo ver todo con detalles precisos y exactos. Primero me muestra un salón inmenso y en él un libro de dimensiones grandes, de color marrón, a su lado hay una pluma de oro fino reluciente, esta reposa sobre un altar de cristal brillante, y un mármol de una calidad nunca vista en la tierra.

Allí se encuentra un ángel muy alto y vigoroso su labor es apuntar nombres. El Señor me hace entender que son las personas salvas, lavadas por la sangre del Cordero, me acerco para mirar las páginas de este libro, pero no se me permite leer lo que allí está escrito, solo alcanzo a distinguir que la lista es interminable, y escrita de manera delicada y con mucho amor.

A lo lejos veo un mar cristalizado, de un tamaño similar a los de la tierra, pero muy trasparente, con un brillo muy característico. Lo admirable es que puedo andar y empiezo a correr un poco sin temor a hundirme. Más allá de esta maravilla puedo ver un arcoíris fantástico, y aunque quisiera llegar a el no puedo, me desplazo un poco y observo unas grandiosas mansiones, de dos pisos, una al lado de otra, todas del mismo color, tamaño y forma. Una sensacional obra de arquitectura.En ese momento entiendo que, a diferencia de la tierra, aquí todos seremos iguales, allí no existe la desigualdad ni las diferencias. Además, en este sitio no hay muros ni verjas, todo está rodeado de jardines llenos de flores.

Esta visión me hace sentir indigno de estar allí, y lloro desconsoladamente, siento una gratitud inmensa con Jesús, por mostrarme la majestuosidad de este lugar. Después de haber presenciado el paraíso puedo decir: Si juntáramos todo, absolutamente todo lo bello, lo precioso, lo hermoso del mundo, no se compararía, ni se asemejaría a lo que se me ha permitido ver. Pero entiendo que hay más para ver. Jesús me lleva e la mano derecha, recorriendo nuevamente el precioso jardín hasta llegar a la entrada del cielo.

Mi anhelo es presentarte a Jesús, un ejemplo de vida basado en el amor y perdón, la vía exclusiva para disfrutar de un esplendor puro e incomparable, lleno de felicidad y paz por toda la eternidad.

“En el cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén ” (S. Agustín)

Oficial Web Site:     http://lavision.es     Oficial Facebook: Fabricio Ministry

Oficial Youtube: Fabricio Arcos       Oficial Twitter: Visión Fabricio

Mail: Escríbenos

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *